Palabras del Sr. Raul A. Chibás.

En esta etapa de mi vida, a los 85 años, he querido publicar esta página en Internet para puntualizar datos históricos de mi familia: de mi padre, de mi hermano y míos propios. Es nuestro interés esclarecer, para las generaciones presentes y futuras, la confusión creada por Fidel Castro al falsificar en su casi totalidad la historia de Cuba -desde sus inicios hasta este año 2002.

Esta tergiversación histórica es peligrosa y ha favorecido las oportunísticas combinaciones políticas y maniobras económicas que le han permitido a Castro mantener el poder absoluto por más de 42 años.

Después del desmoronamiento de la Unión Soviética, a Castro no le ha quedado más remedio que quitarse algunas de sus caretas, y los pueblos de América Latina y el mundo -con la excepción de la narcoguerrilla colombiana y el teniente coronel Hugo Chávez- ven el experimento castrista como el sistema cuyos mayores éxitos han sido crear una nueva elite, cuyo poder radica en el control de la represión, la censura y el dólar, en fin, socializar la miseria del pueblo y mantenerse a través de la limosna, el subsidio y la dependencia internacional.

Castro, del leninismo y estalinismo, así como del nazismo y fascismo, ha copiado en determinados momentos de su vida lo que le ha interesado para llegar o mantenerse en el poder.

Su interpretación peculiar de la Dialéctica le hizo decir el 26 de marzo de 1962 que "la Dialéctica nos enseña que lo que en determinado momento es correcto como método, puede ser más tarde un método incorrecto".

La amoral compartimentación de su cerebro y su extraordinaria memoria le permiten mantener, al mismo tiempo, situaciones y discursos contradictorios. Ejemplos:

A las dos de la madrugada puede estar hablando con un comerciante norteamericano sobre sus deseos de comprar maíz o arroz de los Estados Unidos; a las tres reunirse con uno de sus técnicos militares en guerra biológica para discutir la mejor manera de destruir las cosechas de maíz y arroz norteamericanas; a las cuatro, enviarle equipos de inteligencia a las FAR de Colombia o entretenerse en practicar con un nuevo modelo de armamento terrorista y, al amanecer de ese día, reunir a la prensa para hablarles de su amor a la libertad y su permanente lucha contra el terrorismo internacional.

Su particular método dialéctico le ha permitido hasta principios de los 90 colocar a la economía cubana bajo el rígido control del bloque soviético y, después, hacer del dólar la moneda de la salvación nacional, cambiar el subsidio ruso por los dólares de la "mafia" exilada y el petróleo que Hugo Chávez le regala.

En lo que sí no hay dialéctica ni habrá cambios mientras vivan Fidel y Raúl Castro es en los fundamentos del sistema, que consisten en:

La falsificación de la historia
La represión policíaca
Los métodos de regimentación social
La propaganda permanente
La censura a todo lo que no sea la voz oficial, el control político, económico y social de la burocracia estatal, que tiene su máxima expresión en el partido único y la carencia total de principios de su máximo líder.

Queremos dedicarnos principalmente en estas páginas de Internet a dejar bien claro la verdadera historia de Cuba, en lo que toca a nuestra familia, y así exponer la falsificación histórica de Castro porque, como bien dijera el doctor Carlos Ripoll en su magnífica conferencia "La falsificación de la historia en Cuba":

"Es nuestro deber, como cubanos, rescatarla (…) porque esa adulteración es una de las armas más efectivas, quizás la más poderosa de que allá disponen las autoridades, más poderosa y efectiva que todos los órganos de represión, porque con ella se controla el pensamiento, y con ella se logra que una buena parte del pueblo acepte los errores del sistema y los sacrificios que le impone (…)

"Cuando una sola voz explica el pasado, éste se vuelve lo que quiere el intérprete: si lo falso se repite sin que nadie le descubra la mentira, lo falso se convierte en verdadero; y, de la misma manera, lo que no se dice o lo que se esconde, deja de existir."

Con Castro pasamos de república a una mezcla de totalitarismo monárquico con herencia incluida. Siempre ha sido nuestro propósito en la vida lograr una verdadera república en la que se respeten los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos en un transparente estado de derecho. Castro es la negación de lo anterior, por eso, en todas sus manifestaciones, el castrismo es el sistema que no debe seguirse y, cuando ocurra su implosión, estamos seguros que a Fidel Castro la Historia no lo absolverá.

Raúl Chibás R.
Febrero 2002

 

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